Para que disfrutes día a día de tu cocina

Página del catálogo de cocinas de IKEA

00:00  –    No quedan vasos limpios. Esparcidos por la encimera se pueden encontrar platos sucios con restos de comida, sartenes y cuencos.
01:00  –    Tres tazas con restos de leche se incorporan al desorden.
09:00  –    Los restos de comida ya han caído en el cubo de la basura. Ahora los platos, aún sucios, se amontonan en el fregadero. La cocina tiene la apariencia de estar limpia.
10:00  –    Un par de los siguientes objetos aparecen en la encimera: bandejas, tazas, platos y  cuchillos
12:00  –    La cocina está limpia.
13:00  –    Sartenes, cuencos, platos, una tabla y distintos utensilios de cocina se amontonan en el fregadero. Hay estofado cocinándose en una olla.
14:30  –    La olla, ahora vacía, se une a las proximidades del lavadero.
15:00  –    Nuevos platos, vasos, tenedores y recipientes llegan a la cocina sucios.
17:00  –    Un tazón y una cuchara son recibidos también entre los próximos al fregadero.
20:30  –    La cocina está limpia.
21:00  –    Sartenes, cuencos, platos, tenedores, y distintos útiles más vuelven a engalanar la zona del lavadero.
23:00  –    Se reúnen más platos, cubiertos, cuencos, y vasos.
00:00  –    No quedan vasos limpios. Esparcidos por la encimera se pueden encontrar platos sucios con restos de comida, sartenes y cuencos.

Éste ciclo se repite en su esquema básico cada día. Y si nos paramos a examinar su estructura, resulta inquietantemente familiar. Vasos y cacharros sucios se transforman en un trabajo para clase, en una lectura pendiente, en el abrazo que no llegaste a dar, en las palabras que no llegaste a decir. Limpias, se ensucia y vuelves a limpiar. Pero lo cierto es que la cocina nunca permanece mucho tiempo limpia.
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Reseña: Si no nosotros, ¿quién?


Fotografía de Bernward Vesper y Gudrun Ensslin 
 Si no somos nosotros, ¿quién? si no es ahora, ¿cuándo?, lema que llevaron a la calle miles de jóvenes en el 68, da nombre al primer largometraje de ficción del documentalista alemán Andres Veiel.


Veiel, psicólogo de profesión, se acerco al mundo de la dirección en cine bajo la tutela del genial cineasta polaco Krzysztof Kieslowski. Hasta el momento había trabajado el documental con títulos muy reconocidos por la crítica como Balagan, Black Box BRD o Pasión por actuar.


Su última película aborda la génesis de la Fracción del Ejército Rojo, para ello apoya la narración en las biografías de Bernward Vesper y Gudrun Ensslin, combinándolas con imágenes documentales que nos permiten hacernos una idea de la atmósfera socio-política de la época.


No hay que olvidar que este film no sólo guarda la pretensión de reflejar un momento histórico, también sostiene una reflexión en el presente. En una entrevista su director sostendrá: “No basta solo con analizar el engranaje del capitalismo, también hay que decir “basta”. Es una forma de pensar que era válida entonces y lo sigue siendo ahora.”  (pincha aquí para leer la entrevista)

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Bodegón tenebrista

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Caminos de hierro


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Reseña: Coffee and Cigarettes

Dirigida por Jim Jarmusch, Coffe and Cigarettes expone una serie de cortos grabados entre 1986 y 2003 donde los personajes charlan en torno a una mesa tomando café y fumando cigarrillos, único hilo conductor del film.

Como apertura se nos presenta el corto ganador de la Palma de Oro en Cannes protagonizado por Roberto Benigni y Steven Wright: Strange to Meet You. Ante tal presentación el espectador queda advertido, no está viendo una película corriente.

Mesas decoradas con tableros de ajedrez coleccionan conversaciones banales, la sutileza del blanco y negro enfatiza los espacios en una suerte de imagen-tiempo y sus reconocidos intérpretes casi logran escaparse de la ficción intrínseca al medio.

Parece que el excéntrico cineasta estadounidense juega con las posibilidades que le ofrece la narración cinematográfica, dota a los caprichosos fragmentos que forman la película de un cierto azar cotidiano y de un escurridizo humor satírico, escondido entre palabras y gestos. 
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Erwin Olaf: Babbitt



Un par de zapatos, una pitillera medio vacía, su impecable traje gris a juego con su sombrero preferido estilo Panamá, ciento cincuenta y siete dólares escondidos en el calcetín izquierdo y una antigua fotografía de Elisabeth. Al cerrar la puerta supo que no volvería nunca.

Michael salió de su casa sin hacer ningún equipaje, imaginó a su perfecta mujer reteniendo sus lágrimas y no pudo impedir que una sonrisa se le dibujase en la comisura de los labios. Era libre, su padre le había dado la libertad.

Primero viajaría a Roma a hacer los trámites necesarios para conseguir que los restos de su liberador descansasen en el cementerio de Minnesota. Una vez conseguido, las posibilidades serían infinitas, viviría una vida nueva, alejado de todo aquello que había llegado a odiar.

Sí, sin duda, ganaría una fortuna jugando a póker, viviría un romance apasionado con una chica joven, guapa y descuidada, conocería mundo y escribiría aquella novela que siempre quiso escribir.

Sólo un recuerdo de su antigua vida podría perturbar su nuevo mundo, su hija Elisabeth.
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